Otro tren, este con rumbo, o quizá no
6 paradas es mi margen para chapurrear algo inteligible por aqui, que ando perdiendo ese hobby de mal escritor en un mal tren. Y me dijeron el otro día que escribiera sobre por qué vemos los colores asi, y no de otra forma.
Con soberbia inmerecida, rechacé el asunto por trivial. ¿Pero quién coño me creo que soy y lo que sé? Evidentemente pensé algo relativo a la longitud de onda que emite, ¿o refleja? cada color en la banda del espectro visible. Además de los receptores que tenemos en los ojos, de los que sé muy poco y no me importan tanto.
Pero claro, si lo llevo a la encrucijada en la que me encuentro estos meses, apta para una velada del mismísimo Jordi Wild: ontología vs epistemología y/o gnoseología, pues ya me tienta algo más el tema.
En fin, concluiré antes de empezar, pues atisbo el cartel con el nombre de la parada que me reclama, pero joder, ¿por qué no nos hablan más de esa rivalidad filosófica? De lo que son las cosas, de su esencia, incluso aquella que nunca podremos entender, de cómo aprendemos sobre ellas, de cómo pelamos las capas de la cebolla infinita del conocimiento.
Supongo que mejor hacer un documental de Archie y Ángela, a quienes quizá me han ocupado más tiempo en la cabeza esta semana que la cuestión cromática que me pidieron, no soy ni en absoluto perfecto.
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