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Mostrando entradas de marzo, 2024

El odio que hay en mí

 Pues me suelen decir que parezco pacífico, y lo soy, pero es hora de ir liberando un poco del poco odio que hay en mí. Poco. Sí. Bueno. Poco a poco. La mejor manera es lanzar todo contra un personaje público. Una marioneta que ha engañado a millones de personas. Yo incluido. Pero con el tiempo y echándole mi lupa, logré tirar de la manta y descubrir al adefesio que movía los hilos. Así que te declaro la guerra pública, Elon Musk, el genio de la tecnología, el Tony Stark real, el hombre más rico del mundo dependiendo de las acciones de Tesla, el referente de lo moderno. El mayor estafador que he visto nunca. Nunca sabré si es consciente de lo que es. Espero que no. Porque entonces rebautizarían el término “maquiavélico”. Paquita la del Barrio cambiaría el remitente de su canción “Rata de dos patas”. Así que confío en que viva feliz en la ignorancia de su engaño. Me reconforta pensar que se cree su propio cuento chino. ¿Envidia? No lo negaré. Me da igual. Quiero pensar que no podría...

Alegoría sin alegría

 Sin querer menospreciar a Lorca, ya que estoy escribiendo en el metro, “el poeta de la línea 6”, me quiero dedicar a mi mismo la siguiente breve alegoría, úsala. El dique de lágrimas Érase una vez un castorcillo que vivía en un páramo. No había nacido allí, pero le gustaba estar cerca del río principal del páramo. Cuando llegó a la zona, no había apenas castores, pero sí que había un dique bastante elaborado, que casi no dejaba pasar el agua. Por consecuencia, el páramo estaba bastante desolado, sí que crecían árboles en su cercanía, que se abastecían de la poca agua que pasaba. El castor, que no había pasado tampoco la mejor vida, intentaba disfrutar del entorno y actuaba como actúan los castores, de vez en cuando colocaba algún tronco en el dique, otras veces cazaba en el río los peces atrapados, comía bayas por la zona, o se echaba siestas en rocas al sol cerca del río. Sin embargo, un día, mientras construía el dique, se equivocó colocando un tronco. Al instante, empezó a prod...

Sueño escrito #1 (Work in progress)

 La noche le brindaba frescor a sus pulmones. Y la compañía le hacía olvidar la sensación de soledad que había descubierto tras descubrir el mundo exterior, únicamente a través de historias a las que les había cogido el gusto de devorar por las mañanas en la pequeña biblioteca, en la que mataba las horas para no morirse él. Hoy se les había descontrolado ligeramente la hora a los cuatro chavales del centro de huérfanos. Luis, el mayor, cada vez más resignado a seguir con su aburrida y presidiaria vida, apuraba los últimos momentos de mirar las estrellas, antes de conceder a los más jóvenes sus deseos de llegar al recuento previo a dormir. -Chicos, ahora vamos, ya sabeis que siempre volvemos a tiempo, el viejo Satur cada vez llega más tarde a las habitaciones. Además, nunca se chivaría de nosotros. Bueno, quizá de mí sí, pero en el fondo le caigo bien-intentó apaciguar Luis a los cada vez más asustados jovenes. -Dadme dos minutos y nos volvemos- comentó Pedro mientras apuraba el pit...