Esta entrada no es bonita
Otra noche más en la que me veo impulsado a reflexionar sobre la moral que envuelve a este enturbiado mundo. Noticia devastadora, otra entre tantas. Hombre secuestra y asesina a una niña. Vengo a hablar de un punto de vista no muy habitual. Ya sabéis que me cansa lo trivial y recurrente.
Leo que alguien pide la pena de muerte, y desafía a los opositores a ella, a que debatan con él "si tienen huevos". Por supuesto no bajaría nunca a tal fango, pero sí quiero hacer observaciones para quizá convertir el barro en arcilla, tosca sí, pero curiosa.
No hablaré sobre ese asesino mereciendo morir, sea cual sea mi opinión y debates infinitos de cómo, cuando y "que es merecer". Vengo a hablar sobre la sociedad moderna que decide con frialdad ejecutar a ciudadanos.
Veamos, el juez americano de turno da la sentencia, el reo es coordenado a una suerte de horca moderna, luego por la tarde tiene pensado quedar con su contacto político para negociar unas recalificaciones de terrenos, que dejarán sin parque a los chavales y abuelos del barrio. Ese hombre ha decidido por la mañana sobre la vida de alguien.
Por otro lado, el funcionario de prisiones que vigila al preso, que según cuánto le paguen los familiares de un preso u otro, les tratará mejor. O un preso fue profesor de su hijo y le cayó bien, por lo tanto le otorga protección sobre otros. Ese hombre preparará al preso sentenciado a muerte para que cumpla condena, ergo participará en el fin de la vida de alguien.
Y como estas profesiones y sus correspondientes profesionales; abogados, fiscales, testigos, detectives, etc. Todos con sus respectivos conflictos morales y pecados, creyentes de poseer la autoridad para justificar sus pecados pero nunca el ajeno.
Finalmente, el que aprieta el botón en última instancia, imagina una vida intachable y perfecta. Este es el más teórico y curioso. ¿Acaso una vida perfecta da derecho para ejecutar a alguien sin cargo moral o de conciencia?
Esta paradoja otorga un argumento moral muy fuerte contra la pena capital. Bien es cierto que en este mundo, aunque sea por mera comparación, las atrocidades cometidas dejan estos ejercicios teóricos realizados por ratas de biblioteca como yo en futiles, insensibles y repelentes.
Pero nunca me arrepentiré en mirar las cosas desde un ángulo distinto al foco mediático. ¿Y queréis soluciones? Pues yo que sé, se me ocurre una estupidez, dejemos al preso condenado al libre albedrío de la cuántica, atado causalmente a ese electrón de cuyo spín depende un veneno letal que zanjará todos nuestros problemas en las prisiones. Buenas noches.
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