No se nos cosen los cosenos
El carácter ondulatorio nos rodea en la vida cotidiana. Un reloj de pared con su tic y su tac. Una canción introduciéndose en nuestro cerebro por ondas y gracias a la vibración de una serie de aparatos orgánicos en nuestro oido. ¿Oido cocina? Pues el microondas hace algo parecido con las moléculas de agua que derivan en platos de menor o mayor apetitociosidad. Esas gotas de lluvia que descienden de un cielo grisáceo hasta la superficie de un lago que transmitía paz y armonía, y ahora produce círculos crecientes que desembocan en la nada segun su energía decae.
Pero eso solo era la introducción, vengo a hablar de otros lares que comparten una pequeña semejanza con esas ondulaciones. De hecho, quizá lo que quiero decir se asemeje más al mito de la caverna. Amigo Platón, nos vemos en mi libro, crack, mastodonte. Pero con un matiz. En ese mito se implica que nunca volveríamos a la cueva, pero eso no es realista, siempre volvemos a la cueva, como una onda que regresa de nuevo a sus valores alejados de los extremos.
Porque sí, el sistema, ese elemento supraguvernamental, tan etéreo y a la vez tan incisivo en nuestras carnes en el día a día, es la viva representación de la metáfora que ideó, nunca mejor dicho, aquel señor de barba hace ya dos milenios y medio.
Uno puede sobrevivir, de manera más o menos funcional, ajeno a cómo funciona el sistema. Con una venda en los ojos, el sentido del oido atrofiado por un aluvión de información de diferentes grados de utilidad y verosimilitud. Y aquí es donde preferimos, o quizá el sistema nos obliga, vivir. Con cierta atención a los problemas, pero sin conocer el complejo tejemaneje de sus causas. Son meras sombras en las paredes de la cueva, que a veces son incofundibles y otras son embustes.
Cuando hacemos el tedioso esfuerzo de pelear contra las vendas y las cadenas, al girar nuestras cabezas vemos lo horripilante que puede ser la verdad a veces. No sólo por lo macabro que resulta su estética, si no porque esta es tan intrincada y multifactorial, que el mero hecho de concentrarse en todas sus aristas provoca que nos pongamos nosotros las vendas con voluntariedad propia.
Habrá y hay personas que pelearán contra estas cadenas y su sistema, con diferentes motivaciones, razones o legitimidades. De igual manera tendrán éxito en ocasiones y dejarán entrever al resto algunos detalles de nuestros opresores. Otros se unirán sin remedio al sistema, considerando que ya que se pondrán la venda, ¿por qué no ponersela a otros?
Veamos qué es salir de la cueva bajo la opinión de este humilde orfebre de metáforas. Para un servidor, salir de la caverna es admirar el sistema como es e intentar aprovecharse de él en los resquicios que permite. Ser consciente de las atrocidades e intentar vivir con la conciencia lo más tranquila posible, buscando disfrutar en el camino al máximo. Pasar inadvertido por los procesos que demanda el sistema, pero desafiándolo con discreción.
Por supuesto que esto es una idealización absoluta, y de ahí la introducción pendular y ondulatoria. Muchas veces pasaremos por todas estas etapas del ciclo de la caverna, por la cómoda ignorancia, por la rebeldía inconsistente y por el descubrimiento de una libertad condicionada. Al fin y al cabo, eso es la vida.
Genial
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