Rápido
Tengo escasos momentos mientras veo el oscuro paisaje atravesar el costado de la ventana. Un ligero mareo ocasionado por el vaivén de los quehaceres, ampliado por el no tan suave discurrir del tren. Pero mi inquieta mente, al menos en estos instantes, me anima, por no decir obliga, a expresarme por aquí.
Lo echaba de menos, apartar el ajetreo para escribir libremente. Conversaciones ajenas turbias me intentan desviar. Pero intento centrarme.
Hoy es un día de esos que parecen especial. Cuando el surrealismo se integra en el frenesí, y uno no se detiene a contemplar la extrañeza de la vida. Es ciertamente extraña, mucho, y en el futuro nunca nos acordamos, es una pena la verdad. Cuando la rutina te inunda y te ciega, cuando te convierte en un autómata, es difícil recordar el bullicio de ideas, sensaciones, que se revuelven en los momentos caóticos.
Iba a concretar, pero me he alejado. Con un breve esfuerzo, no sé si placentero, retomo el rumbo. Aventuras literarias y urbanísticas fueron desayunos fuertes para un fin de semana que promete despertar inquietudes cuanto menos. Una incertidumbre casi cuántica alimenta una llama, diminuta todavía, que alumbra el sendero del destino a corto plazo.
Voy poco equipado, pero me tengo a mí, me debería ser conveniente recordar eso. Todo lo que salga fuera de mi alcance debería difuminarse en el ámbito de lo que tenga que pasar. Abrazaré los puntos de control, al mismo tiempo que lamentaré haberlos alcanzado. Cosas mías. No me entenderé.
Conversaciones reafirmantes se entremezclarán con charlas vacías, es inevitable, pero todo se ajusta a la media, al final, la media siempre manda.
Se me acaba el trayecto, no sin antes contemplar un nuevo sobresalto, puertas bloqueadas, sin más, no acabaré en el misticismo. No todo puede acabar abierto. Mierda, caí de nuevo en la abstración. Meh.
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