Despacio
Un leve tintineo de un lejano reloj parece ser la única referencia de que el tiempo sigue avanzando. Sin él, apenas oigo sonidos, más allá de mi propia respiración. Sin esperarlo, me encuentro en el ojo del huracán de la vida.
Quiero disfrutarlo, ya que aventuro su brevedad. Todo reposa en su sitio, donde alguien lo colocó en el pasado. No osaré a romper esta armonía de quietud. Las prisas me son ajenas de momento. Los contrastes han sido el elemento central del fin de semana, aunque suene paradójico.
Qué bien reflejan las nubes este momento, avanzando únicamente cuando te olvidas de ellas, pero transmitiendo paz cuando te detienes a observarlas. Un caracol, con patrones naturales en su caparazón, visto desde arriba. Una sombra afilándose lentamente según el movimiento del sol. Una cordillera, erosionándose al ritmo marcado del planeta. El cosmos, modificándose únicamente según acerques el objetivo del telescopio. Una idea axiomática, imperturbable al plano físico y lógico.
Una gota tendrá que romper la inercia de este equilibrio que contemplo, una gota representando un suceso, o que caiga simplemente del reloj de arena líquido que no puedo entrever suspendido sobre mi cabeza.
Pero como siempre, la impaciencia se acaba apoderando de nosotros. Somos agentes del caos, no somos dignos de ser monjes tibetanos, que disfrutan aguardando a que alguien ose interrumpir sus meditaciones, para no ser los responsables de alterar su consciencia.
Asi que procedo a estropear este momento que me fue regalado; no soy merecedor de él, lo que me legitima para destruirlo. Sin más dilación, aprieto el botón de play de la vida y me despido de esta pequeña pausa temporal, esperando haber al menos comprendido su importancia.
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