De oreja a oreja

 Parece mentira no haber explorado este tema por aquí. De igual manera, me resulta insultante haberlo repasado tan pocas veces por mi mente. Es un tema que no sabría decir si está de moda, se ha escrito mucho sobre el tema, últimamente desde el aspecto químico. No me asemejo a un experto desde el punto de vista científico, por eso no hablaré de receptores, neurotransmisores o demás pamplinas que no vienen al caso.

La ciencia con prioridad trata de retratar la realidad objetivamente, pero hoy quiero dejarla de lado para plasmarla a través de sensaciones, de recuerdos, que se acerquen mucho más que símbolos y números; quiero intentar agarrar la realidad con el único limitante de las palabras, que sobradamente nos han demostrado siempre sólo ser derrotadas por las imágenes, aunque mi propósito será estrechar la ventaja en esa guerra difusora.

Sí, hoy quiero empezar nueva temporada en mi contenido, sin dejar de lado los tormentos con bruma que tanto liberan y tiñen paradójicamente con gusto el hecho de realizarlos. Para cambiar las tornas ciento ochenta grados, con un golpe de timón digno de Barbosa y su manzana. Que la primavera refleje algo más que el cambio de paisaje.

Por eso no me preocupa que el torbellino de ideas ensucie la belleza del trazo de las mismas, porque el mero desorden hace vislumbrable su contenido. Por eso no me preocupa que adornar pomposamente la introducción choque radicalmente con pasar a la intención primordial de este texto. Ahora.

Qué bueno es disfrutar. Y cuanto más disfruto, más quiero disfrutar. Incluso firmando a regañadientes empatar lo disfrutado la próxima vez. Sin descartar sufrir, con el único objetivo de devanarme los sesos tratando de descubrir cómo disfrutar más.

Siendo consciente y obviante de la adicción al disfrute, siendo consciente de su peligro, en absoluto oculto, alarmante avisador diría.

Si bien los avisos están por todos lados, la suave brisa los difumina para despejar el horizonte de ellos. Y en ese mismo horizonte puedo atisbar el próximo disfrute, llamándome con el canto de las sirenas de Ulises.

Esta desparramada ingenuidad que proyecto sin doquier, no es completa. Uno sabe de la limitación del tiempo. Y tiene cierta intuición sobre ella. Pero uno no debe temerla, es más, le pongo fecha, si mentirse a uno mismo parece gratis, aunque no lo sea. Un cero anticipado por un tres, si queréis. Ahí el disfrute no se extinguirá, pondré todo mi empeño, pero tornará formas indiscretas para mí.

Hasta entonces, todas las cartas quiero que se centren en el objetivo de extinguir la fuente que aparenta ser inagotable. Rodearme de comandantes, comprometidos con la misión de sus vidas, con originalidad en sus propuestas, abiertos a contemplar mis estrategias. Apretando mi mensaje: si no estás conmigo, estás contra mí, pero intentaré por todos los medios que estés conmigo. Lo hago por tu bien. Lo hago por el mío.

Porque activaré todos los medios a mi alcance, para despejar los nubarrones que nos impedían contemplar las espectacularidades que habitan en este mundo. Como si hace falta encender millones de ventiladores. Porque mi filosofía sea: “si puedes, y sientes que debes, debes”. Porque lucharé para que si intentas pararme, pararnos, no merezcas lograrlo.

Porque me da igual lo mucho que se haya desviado el discurso. Lo he disfrutado. Lo máximo que lo he podido. Y eso espero que lo haya honrado. Que comience el show.


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