Un día más, ¡Qué menos!
Para descansar de escribir el libro. Que sólo me cansa cuando lo escribo. No deberían desgastar las cosas que te importan, pero lo hacen. Entiendo que hay que saber vivir con ello.
Para eso estoy aquí. Ahora. Para quitarme el dolor de cabeza, que quién sabe de donde ha venido. Bueno, no engaño a nadie. Creo.
Para tener algo que hacer y que quiera hacer. Es difícil a veces discernir entre "el querer" y "el verte impulsado a", no sabría ni empezar a abordar la distinción. Hay algunos cajones que están mejor cerrados, o al menos eso concedí anoche tras escucharlo.
Otra cosa complicada es saber apreciar, o valorar, las punzadas de hilos entre ideas. Muchas veces se tejen débilmente, con delicados trazos, pero con mucha belleza. También te puedes encontrar ideas soldadas entre si, sin un artista que haya limado las imperfecciones visuales. ¿Otro párrafo etéreo por mi parte? Sin novedades en el frente, según parece.
Y ya me cansé por hoy, me distraje con cualquier otro tema, y si algo he aprendido, que me acaba de venir a la mente por cierto, es que escribir sin impulso es lo que más me cansa. Lo que antes de empezar era fuego, se convierte en una hoguera en la que me toca apagar las cenizas. Acabar el trabajo. Pero es que a veces, con frecuencia en realidad, me gusta sólo empezar. ¿Quién fue el maldito que dijo que empezar una tarea era hacer la mitad, que le tengo ganas?
Tampoco es que haya sido una pérdida de tiempo, esto es como el ciclista que va a entrenar para acumular kilómetros, aunque ese día no tenga fuerzas ni ganas. Jo, molaría que me pagasen por esto. En realidad no. Lo genuino es lo que se hace por uno mismo, eso creo que es lo único en claro que podemos celebrar entre todos, ¿no?
Un abrazo, hasta la siguiente vez que nos leamos, querido lector.
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