Trenzado

 Cuando el tiempo aprieta. Cuando la presión crece. No es este caso; llevaba cierto tiempo sin escribir a vuela pluma, tampco en exceso.

Por supuesto, el tren es mi acompañante. Qué mejor manera de transcurrir el tiempo. Por favor, gracias por permitirte estos ratitos. Igual al final se hace caso omiso del botón enviar, siempre tengo estas discusiones, pero es que es un momento en el que no se discute, ni conmigo mismo.

Lo dobles sentidos fueron sustituidos por dobles, no hablo de baloncesto. Las prisas fueron intercambiadas por dejar existir al destino. No puedo cambiar al mundo desde este tren, en realidad no puedo hacerlo desde ningún lado, pero al menos en este tren es tangible esa impotencia.

Los reflejos en los ventanales me acompañan, mejores viajeros que la mayoría. Los sonidos se repiten, no molestan, nada molesta ahora. Me encuentro en un vacío de significado. No hay pasajeros, tan solo existo yo. Y este lugar para demostrarlo.

Reconfortante, como hace tiempo que no vivía. Me quedaría un tiempo largo en este estado existencial. Te invitaría, pero lo romperías. Yo probablemente lo rompa en breves, mi objetivo es que lo rompa el destino. Me permito toser, aunque rompa la armonía. Todavía no me permito averiguar el recorrido. Qué frustrante me resulta cuando la conversación en los trenes se centra en el recorrido. Que frustrante me resulta que me resulte frustrante. O quizá no. Me gusta querer discurrir por lugares que no se extingan en un mero “vamos por tal, queda tal”.

Reconfortante me resulta haberme perdonado en marcha, tanto en mi texto como en mi introspección actual. Ojalá llegasen todos los perdones propios tan rápido, lo cual es diferente a la asunción de culpabilidades.

Que cómodo escribir sin objetivo. Sin objetivo en general. Ya me vienen remordimientos de sentir pensamientos recurrentes. Probablemente ya haya hablado por aquí de todo esto. Es verdad que este espíritu ya ha sido invocado. Es más, diría que ya he hablado de estas culpabilidades y del perdón. 

Pero quiero que esta vez sea diferente, que no haya un ápice de resentimiento en la repetición. Aunque sea por hoy. Ya la próxima vez me arrepentiré. Hoy todo queda perdonado.

Ya vinieron estímulos, disfrazados de guardias, lo que conlleva bajada de piernas. Ellos rompieron el hechizo, yo no. Me despido satisfecho por haber despejado la mente, y dejar que los dedos que teclean manden. Esto también lo he dicho alguna vez. Pero qué más da. Objetivo cumplido, ¿cuál? Ninguno, recuerda, no había objetivos. Lo recomiendo, un rato sin objetivos. Parece que estoy hablando de algo dificilísimo. Pues a mí, me lo parecía. Voy a sonreír antes de despedirme, aunque suene estúpido, más estúpido es cualificar estas cosas, y suelo ser culpable. Pero hoy, en absoluto, buenas noches.

Comentarios

Entradas populares de este blog

No se nos cosen los cosenos

Ensayo de varias cosas y ninguna buena

Nada es imposible, salvo demostrarlo