Sinceridad mentirosa
Con tranquilidad, la que me permite el cuerpo. Dejandome de eurekas por un rato, lo que me permite la responsabilidad ficticia que me impongo. Con sinceridad, pero sinceridad mentirosa. Asi quería yo escribir un rato, lo que me deje el cuerpo.
Quería matar un poco las ganas de escribir, de plasmar mis inquietudes. De ser honesto pero sin decir nada, como casi siempre. De esconder revelando ideas y sentimientos. No sé como digo tanto y nada al mismo tiempo. Es un don supongo. Trabajado con los años, que tanto parece que cuesta pero tan sencillo me sale de dentro.
Es actuar a través de palabras. No tengo que preocuparme de gestos faciales. De coreografías preconcebidas por otros. Solo suelto fluidamente lo que se me va ocurriendo sobre la marcha. Los conceptos vacíos por fuera pero rebosantes por dentro, tapados por una gruesa piel.
Sorprende mi despreocupación por la estructura de las frase, o la falta intencionada de ella. Me dan igual las faltas, de ortografía, no de respeto. Al menos hoy, al menos ahora.
Solo pararé cuando me deje de sonar, a mí, bonito lo que suelto. Es como tirar una pluma y ver grácilmente como se va tornando hacia su destino en el suelo, erráticamente, pero con una trayectoria indescriptiblemente bella. Después, te alejas de la escena y solo ves a un chaval con una pluma sucis de paloma que ha cogido del suelo, sonriéndose sólo a si mismo. Patético si lo miras mal, entrañable si miras a sus ojos.
Saliendo de la superficie del lago de las metáforas, dejando a cascanueces con sus intrincados sonidos de lado, vuelvo al mundo real. Ahora lo veo con un color que no podría describir, en cierta parte es normal, es de noche, se pierde el sentido de la vista, y se agudizan los demás. No hay mucho sonido, quizá es que estoy centrado en otros sentidos.
En el sexto, que es el que saca a danzar a los dedos que escriben. No sé ni ponerle nombre ahora mismo. Intuición, tal vez. Pero al menos me está haciendo disfrutar. Me permite no pensar. No parar de lanzar ideas contra la pared de la pantalla. Espero que no reboten. Pero estoy preparado para esquivar. Veré si es cierto.
Me acerco al fin, aunque esta frase me suele hacer dar más vueltas. Atisbar el final del horizonte nos suele hacer querer cruzarlo de nuevo. Mientras haya fuerzas al menos. Y de momento las hay. Puede que se esfumen rápido, como la espuma del mar. Demasiado tópico esto último, es posible que sea la señal. Se cierne sobre mí el ocaso. Se me agotan los sinónimos. Se ralentiza el ritmo de escritura. Se oscurece la claridad mental. Los sonidos apenas superan la categoría de murmullo. No creo que sea malo. A ver, yo puede que sí, pero me refería a la idea. Empiezan las rectificaciones por doquier. No sé que es doquier. Refunfuño debatiendome si es necesario que lo sepa. Suele serlo.
Cae la noche y cae el humor, y eso que apenas lo he usado hasta ahora, en este breve, cada vez menos breve, texto. Busco estructura a base de repeticiones. ¿Caeré en bucle? Prefiero detenerme antes. Un sueño sería que alguien lea esto alguna vez. Otra vez retorno a la discusión si forzarlo. Me apetece por un lado. El otro grita cállate con ímpetu. Olfateo que hoy gana la parte traviesa. La que mira con mueca burlona al mundo, como sabiendo que cuando aparece, indica buenos presagios. Esta parte también se equivoca, como todas en cierto modo.
Me alargo demasiado, pero para compensar cuando me quedo corto. Día raro. Pero todos los días son raros hoy en día. Disfruto haciendo juegos de los que desconozco el nombre. Mucha veces el conocimiento quita la gracia, debería recordarlo más a menudo. Pero es dificil cambiar a la naturaleza sin catástrofes naturales. Incluso a la del ser humano. Quiero para ya, a ver si produzco una despedida digna, pero me suele ser costoso, y eso que de momento no tengo que abonar para propagar mis pensamientos, al menos por aquí. Adios.
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