Sinopsis del libro que nunca escribiré
Caía la tarde en el arrozal y Asha anhelaba volver a su casa cuanto antes. Era el sexto día de la semana y mañana podría recuperarse del cansancio acumulado con su día libre. Los últimos rayos del sol siempre le arrojaban una sensación de tranquilidad, que le otorgaba fuerzas para recoger los últimos granos del día. Así que se reclinó en el suelo y continuó con su trabajo.
Apenas unos minutos después, oyó un revoloteo en la entrada del arrozal, y seguidamente observó un caballo galopar hacia el interior del recinto. Sin prestarle mucha atención y concentrada en lo suyo, prosiguió con su tarea.
Ya cuando cogía el último puñado, escuchó un relincho detrás suyo y se dio la vuelta. Un militar descendió del caballo y se dirigió velozmente hacia ella. Sin mediar palabra, extendió la palma de su mano e indicó a Asha que le diese uno de los pequeños recipientes hechos con juncos que colgaban del carro con el que Asha transportaba el arroz. Ella, aturdida y todavía en el suelo, se apresuró a obedecer. No quería problemas, y menos al final de la semana. Pese a que la actitud del militar no era amenazadora, sí que demostraba impaciencia, sus broches del ejercito indio relucían débilmente con el sol.
Nada más entregarle el arroz, el militar se subió a su caballo y emprendió su marcha. Asha no sabía que pensar, pero como la cantidad perdida era sólo una pequeña fracción de lo que ella recogía habitualmente, y no había sufrido ningún tipo de daño, emprendió el camino a casa sin darle muchas vueltas.
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El despertador sonó como cada sábado a las seis en punto de la mañana. Sin apenas abrir los ojos, María lo apagó y retrasó todo lo que pudo levantarse de la cama, hasta que la incomodidad del deber la derrotó. Rezó que el café la ayudase a espabilar como casi siempre lo hacía y se sentó en su silla frente a la máquina de coser.
Con un bostezo, se puso manos a la obra. Justo antes de que la aguja diese la primera punzada, su móvil vibró en la mesita de noche. «¿Se habrá adelantado este mes el Amancio?», pensó extrañada María. Se levantó a por él aprovechando sus nulas ganas de trabajar. En la pantalla había un mensaje que no había visto nunca: "El gobierno de España hace efectiva una sustracción de 0,1€ de su cuenta bancaria, mañana podrá recibir más información al respecto".
Durante un minuto María no supo que pensar, pero enseguida reparó en el vacío hueco donde debía reposar el montón de ropa que tenía que coser hoy. Suspiró, y volvió a sentarse en su silla. Menos mal que el día siguiente era domingo.
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Simultáneamente, todas las cadenas de radio y televisión comenzaron a emitir un comunicado: "Tenemos el placer de anunciar durante esta mañana de domingo, hora 10:00 GMT, que el Banco Mundial, en colaboración con los gobiernos de todos los países , organizará la semana que viene una lotería a nivel mundial, en la que participarán todos los ciudadanos del planeta. Durante el día de ayer se le requisó a todos los ciudadanos el equivalente a diez céntimos de euro destinados al premio, que recaerá sobre un afortunado ciudadano, aproximadamente unos 700 millones de euros. La lotería durará dos meses y el formato consiste en un cuadro de 29 rondas, en el que dos ciudadanos del mundo se enfrentarán a un combate de piedra, papel o tijera para avanzar de ronda. Durante la próxima semana ampliaremos la información. Buena suerte"
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