Paseo por Madrid

 Paseo por Madrid


Llegar tarde. No. Hoy no es un día que me apetezca llegar tarde, más bien lo contrario. Lo bueno de criarse a las afueras de Madrid es que la ciudad continua siendo un misterio, las zonas principales por supuesto que ya me las sé al dedillo, pero los lugares que las conectan siguen siendo desconocidas para mí , al menos al nivel de detalle que me gusta conocer las cosas.

El cine es a las 9, pero quiero llegar muy pronto así que salgo a las 7 y llego a las 8: tengo una hora para explorar.  Calle Fuencarral, que conecta desde Bilbao hasta Quevedo, 500 metros, dos aceras, así que un kilometro para examinar al detalle. Efectivamente mi velocidad media fue de un kilometro por hora.

Lo primero que me fijo es un gimnasio cerrado, recuerdo que estaba abierto desde hace varios años. ¿Una cadena popular, en el centro de Madrid cerrada? Se me hace raro que no fuese rentable. ¿Foco de Covid entre empleados? Continuo y esta el cine, miedoso de spoilers lo dejo atrás mientras uso mis cascos, con una canción de Phil Collins que la tendré en bucle la hora entera de trayecto, no me preguntéis el porqué.

Llego a una tienda cuyo motivo es EEUU, todos los artilugios típicos de allí que aquí cuesta encontrar. Puedes pedir un pavo para acción de gracias, venden los bagels que probé en New York, y más cosas que simplemente llevan la bandera. Entro, pido si tienen fusiles de asalto y salgo rápido antes de que saque el suyo el dependiente.

Atisbo a Quevedo tras dejar atrás pastelerías diversas y una hamburguesería con los clientes en la calle, no merecen la pena la verdad. Me llama la atención una lona, visible desde toda la plaza. Publicidad y un mensaje de que la lona captura el co2. Una rápida investigación en Google dice que tienen que cambiarla cada 5 años, pero que sí funciona. ¿Medida decente contra el cambio climático a cambio de publicidad masiva? Quizá esto sea el futuro, satélites que limpian la atmosfera mientras retransmiten anuncios obligatorios, robots que limpian océanos a la vez que mandan publicidad biodegradable a las playas. Interesante sin más.

La otra acera intuyo que me gusta más, es la acera de los bares. Distingo algunos y apunto mentalmente su localización. Un sinfín de camareros regatean transeúntes. Quizá haya que poner carril bar también. Un edificio con publicidad rosa chillón me daña la vista. Adaptación de programa americano en el que celebridades de gama baja hacen pasteles. Debajo del anuncio la pastelería donde los venden. No me detengo y avanzo con paso lento dejando atrás tiendas de muebles y moda; con 5 segundos puedo ver la tienda entera desde fuera, para que más. Ahora veo un cine alternativo, no tiene tienda y no conozco las películas, pero tiene una elegancia mayor que los cines convencionales, una elegancia de otro tiempo y para otra gente, desde luego no es para mí.

Por fin lo mío, una librería. Al principio tímido, sin querer tocar nada y ojeando a distancia. Pero según pasa el tiempo cojo confianza y con zancadas elegantes empiezo a leer contraportadas. Aquí el tiempo pasa más despacio y rápido a la vez,  creo una burbuja  y soy ajeno a la gente de la tienda. Las novelas populares de hoy en día no tienen tramas muy complicadas, su éxito se basa en la capacidad escritora del autor. Se valora como cuentas una idea, más que la propia idea. Quizá lo contrapuesto al cine de éxito. 

Se me acaba el tiempo y vuelvo al cine de la peli. Los últimos minutos observo un Uber cortando la calle mientras se lleva una sonora pitada y provoca atasco.  Se suben unas señoras a toda prisa mientras las increpa el coche de detrás. Buen entretenimiento la verdad, y ahora que comience la película.




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